Response to Separation of Families at the Border

To: Priests, Deacons, Brothers, Sisters, Principals, Parish & Chancery Staff
From: Wilton D. Gregory, Archbishop of Atlanta

The recent immigration policy that has separated children from their parents is deeply disturbing. The administration’s ‘zero-tolerance’ policy resulted in many children being torn from the arms of their parents and placed in separate detention facilities where many remain. Unnecessarily separating families is detrimental to basic child welfare, contrary to our Catholic values, and ineffective as a means of deterrence and safety. In response to widespread backlash, the President recently signed an executive order which takes a limited step in stopping the practice of separating children from their parents. My hope is that the administration will proceed, as ordered by a federal court, to reunite all children and parents who have been separated.

I urge the administration and Congress to pass real immigration reform that respects the dignity of every person and supports family life. Family unity, a foundational element of Catholic social teaching, must be preserved at all costs. I enthusiastically support the work of our Catholic Charities Atlanta on this issue. I join Pope Francis and the U.S. Conference of Catholic Bishops in advocating for the protection of children and families seeking safety and shelter from violence and I pray for every family affected by these policies.


“La reciente política de inmigración que ha separado a los niños de sus padres es profundamente preocupante. La medida de ‘tolerancia cero’ de la administración resultó en muchos niños arrancados de los brazos de sus padres y colocados en centros de detención separados en los que muchos todavía permanecen. La separación innecesaria de familias es perjudicial para el bienestar básico de los niños, contraria a nuestros valores católicos e ineficaz como medio de disuasión y seguridad. En respuesta a una protesta generalizada, el presidente firmó recientemente una orden ejecutiva que toma una medida limitada para detener la práctica de separar a los niños de sus padres. Mi esperanza es que la administración proceda, según lo ordenado por un tribunal federal, para reunir a todos los niños y padres que han sido separados.

Urjo a la administración y al Congreso a que aprueben una reforma migratoria real que respete la dignidad de cada persona y apoye la vida familiar. La unidad familiar, un elemento fundamental de la doctrina social católica, debe ser preservada a toda costa. Apoyo con entusiasmo el trabajo de Caridades Católicas de Atlanta en este tema. Me uno al Papa Francisco y a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para abogar por la protección de los niños y las familias que buscan seguridad y refugio de la violencia y oro por cada familia afectada por estas políticas”.

Arzobispo Wilton D. Gregory